No me mates
-¡ Eh, eh, eh ¡. Tú.. ¡ Si ¡. Tú. ¡ Te estoy hablando a ti.!
¿Quién te has creído que eres?. ¿Te crees Dios?. ¿Acaso crees que eres Dios?.
No me seas crío, que pareces un niño, te comportas como un mocoso pecoso.
Eres absurdo, ¿lo sabías?, ¿Por qué ahora?. Di. Dime.
Ahora no puedes hacerlo. Maldito seas tú y tu intransigencia de niño pijo. No vives en pijolandia, no, déjate tus fantasías para la cabecera de la cama en las noches de luna llena y aclárate las ideas, escritorzuelo de pacotilla.
Si piensas que esto puede acabar así, estás equivocado, ¡ muy equivocado, chaval ¡.
No puedes largarme así como así, cuando te de la gana y se te antoje. Ni hablar. Escúchame y escúchame bien lo que voy a decirte, imberbe e insípido cuentista, no te vas a librar de mí, seré tu pesadilla, o si te jode más, la pescadilla que te muerde la cola. ¡ A que eso duele ¡. Eh, un mordisco en las partes blandas y bien dado es lo que te mereces, un bocado al percebe tan esmirriado que tienes entre medio de dos berberechos sin caparazón, tan blanditos, -venga, va, y de propina otro mordico de perillo a cada berberecho también, que duele un web- y del que presumes a espuertas con colegas y fantoches como tú, ah, y un buen directo nokeante a las napias y sin quitarte las gafas. ¡No te joroba!
Ya estás rompiendo esa hoja manuscrita, pero ya de los yas, o lo haces tú por las buenas, o lo haré yo a las malas, y no ando con chiquitas ni ñoñerías, tú no me conoces cuando me enfado. Como pases a limpio esa copia mala y la entregues al redactor con esa historia absurda, ya puedes despedirte de mi amistad para siempre. Y ante todo, protege tus espaldas al caminar por la calle y tu culo al sentarte al volante.
¡Qué te den con el rabo la sartén!.
¡ Qué me dices ¡ ¿ Qué ya te aburro? ¿Qué espacias nuestros encuentros? ¿Qué dejo de ser protagonista por esta quemado? .
Mira, porque no tengo papel a mano, ni cerillas ni mechero, sino te iba a enseñar yo como arden y se chamuscan ciertos pelos de ciertas partes del cuerpo. ¡ Pues no va y me larga que ya estoy quemado ¡ .
Lo que pretendes es darme cancha, ya no soy tan divertido como antes, que te abres a otras gentes más interesantes, con mejor talante, con buenos trajes, cheques regalos al portador donados de dos en dos, y los que sobramos . ¡Puerta! . Pues no, so jilipuertas, no, no me rindo, ni me he caído de ningún guindo, ni nací ayer. Tú y yo tenemos un contrato, aunque nada más que sea verbal, ¿sería algo que versaba sobre la amistad?.
Patán, búscate a otro con el que jugar a chivo espiatorio, ¿Qué tal el mayordomo?, ya anda viejo y pierde protagonismo ó ¿el amante liberal que apenas muestra su rostro en el folleto? , ó mejor aun, ¿por qué no te cargas a mi yerno chupasangre?. Siempre acudiendo a mi a través de ella pa esquilmarme la tarjetita de crédito a primeros de cada mes.
Qué no, qué no puede ser, que yo no puedo ni debo pagar el pato de tus noches de desvelo, de tus juergas a todas horas, de tus variopintas señoritas, el editor de turno, del director que quiere na más que productividad y venta, y los legales, honrados, tiernos y sensibles, ale, a la calle, y sin un gracias ni un regalo. No tienen derecho. ¡ Qué injusticia ¡ . Y tú, después de tantos años juntos, vas, y les haces caso, me tiras como a una colilla, me arrojas por la borda, ó lo que es peor, LITERALMETE, me arrojas desde un tren en marcha, y bueno, lo que ya es el colmo es que encima te tenga que dar las gracias porque lo hago sedado y no voy a darme cuenta. No te jode, además de puta, poner la cama dándote las gracias.
Mi odiado guionista, tenga usted por presentado este pliego de descargos, con el cual me desahogo, le llamo estúpido insensato y que sepa, que a pesar de todo, me lo he pasado muy bien siendo el protagonista de sus historias hasta el día de hoy, en que vos me dais la papeleta de ida, sin vuelta. En que vos me matáis. ¿Ya no quieres que salga más en tus cuentos?. ¡ A qué lloro¡ . Por fa. ¿Te lo pido de rodillas? . ¿Te la chup-achús? , achús, achús. Ez que eztoy un poquito resfriado. Vale, vale, no, no pienso rebajarme. Todavía tengo mi honor y honrilla.
Sólo quiero que sepas que me he divertido mucho a tu lado, que yo también te quiero, pero . ¡Joder¡ ¿ No podrías haber asesinado a otro personaje? . No, claro. Tenía que ser yo. Pues que conste en acta, Sr. Juez, .- de naranja ó de limón- ¡ Qué protesto ¡. Qué no me resigno, que sigo y sigo, y que a pesar que la caída provocada del tren en marcha tiene tintes de asesinato macabro, no cesaré en darte la lata, hasta que encuentres el camino para resucitarme, pues no pienso largarme de tu lado. Ea.
¿Qué tal si ? Si al estilo del conde de Montecristo, ó de mafiosos a los que les has mandado hacer cirugía estética, te me buscas una nueva identidad, unos nuevos ademanes, nuevos acicates, unas cuantas jóvenes amantes de cuerpecillos celestiales, -y nada de yernos ni de hijas-, mucho dinero a mi alcance, un yate, un mercedes, un jet privado, una mansión en los Alpes Si. Si. Eso, chocolate hueso, eso es. Un personaje nuevo. Ay, te quiero. Muchas gracias y que sepas qué no me importa que me pintes al personaje nuevo con barba ó pelo blanco, que nos hace más interesantes y atractivos.
Venga, va, so mostrenco, so vago del cuento, empieza a apuntar las ideas que te estoy dando, que ya me estás tardando en resucitarme del ostracismo y en darme un nuevo libreto, un nuevo catecismo en que reanudar mi nuevo guión, mi nuevo personaje.
Ah, oyes, que nos olvidamos de esos insultillos que te dije antes, eh, es que estaba un poquito caliente con lo de mi asesinato, y se me cruzaron los cables, que lo siento, eh, pero bueno, ahora que YO ya te lo he arreglado a mi modo, pues como que vamos a olvidarlo. ¿Vale? . ¿Amigos otra vez?.
Ah, y no te olvides del sexo para mi nueva identidad, que el personaje que acabas de matar
0 comentarios